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El primer premio del sorteo de Navidad se cuenta casi siempre desde la cifra que reparte. Aquí se cuenta desde el lado contrario: desde lo que habría que gastar para acercarse a él. Ese cambio de punto de vista ordena todo lo demás y explica, mejor que ninguna otra cuenta, qué relación real hay entre los veinte euros que cuesta comprar número de lotería en Amposta y los cuatrocientos mil que puede devolver un décimo agraciado con el Gordo.

¿Cuánto costaría no fallarlo?

La cuenta es sencilla y bastante reveladora. El sorteo emite cien mil números, del 00000 al 99999. Comprar un décimo de cada uno de ellos, a veinte euros la unidad, supondría un desembolso de dos millones de euros. Ese décimo garantizado que llevara el primer premio devolvería cuatrocientos mil euros brutos.

Es decir: el gasto necesario para asegurar el Gordo es cinco veces mayor que lo que el Gordo paga por décimo. La aritmética deja claro que no existe forma de comprar el sorteo entero, y de paso desmonta la idea de que jugar más números es una manera de acercarse proporcionalmente al premio mayor. El gasto crece en línea recta; lo que devuelve el primer premio, no.

Por eso el Gordo se entiende mejor como una cifra que multiplica un desembolso pequeño que como un objetivo al que se pueda apuntar con más dinero. Quien pone veinte euros y quien pone doscientos acceden a la misma proporción; lo único que cambia es cuántas veces la tienen abierta.

¿Concentrar o repartir el mismo dinero?

Doscientos euros dan para dos cosas muy distintas y conviene saber cuál se está eligiendo. Un billete completo son diez décimos del mismo número: si ese número resulta ser el primer premio, quien lo tenga entero cobra los cuatro millones de euros que corresponden a la serie. Los mismos doscientos euros repartidos en diez números distintos abren diez opciones diferentes, cada una de las cuales devolvería cuatrocientos mil euros.

Ni una fórmula ni la otra alteran lo que se paga por unidad, que sigue siendo veinte euros el décimo. Lo que cambia es la forma de la cuenta: concentrar apuesta todo a que una sola combinación salga y multiplica el cobro en ese caso; repartir renuncia a esa concentración a cambio de tener más combinaciones vivas. Antes de comprar número de lotería en Amposta por doscientos euros conviene decidir cuál de las dos cuentas se prefiere, porque después no se puede rehacer.

¿Por qué la cifra del titular no es la que cobra nadie?

Porque el titular habla de series y el comprador tiene décimos. Cada número se emite en varias series y cada serie se divide en diez décimos, así que los cuatro millones de euros que se asignan al primer premio por serie se reparten entre las diez fracciones que la componen. El resultado, cuatrocientos mil euros por décimo, es la única cifra que le corresponde a quien pagó veinte euros por una de esas fracciones.

De ahí que la misma combinación pueda estar en manos de mucha gente a la vez sin que ninguna cobre la cifra del titular. Comprar número de lotería en Amposta no reserva un número en exclusiva: reserva una fracción concreta de una serie concreta, y es sobre esa fracción sobre la que se calcula todo lo demás.

¿Qué queda de esos 400.000 € después de la retención?

Los primeros cuarenta mil euros de cualquier premio están exentos. Sobre el resto se aplica un veinte por ciento, lo que en el caso del primer premio deja el cobro efectivo en 328.000 € por décimo. Puesto en relación con el desembolso, los veinte euros pagados vuelven convertidos en algo más de dieciséis mil veces esa cantidad, en lugar de las veinte mil que sugiere la cifra bruta. Es la diferencia entre lo que se anuncia y lo que se ingresa, y conviene tenerla clara antes que después.

Un décimo no es un billete de una sola opción. El mismo pago abre, a la vez, el acceso a todo lo que el sorteo reparte, y buena parte de ello está ligada precisamente al número que lleva el primer premio:

  • Las dos aproximaciones, que corresponden a los números anterior y posterior al del primer premio.
  • La centena, que agrupa los números del mismo centenar.
  • El reintegro por la última cifra, que devuelve los veinte euros exactos.
  • La pedrea, con mil euros por serie en cada uno de sus 1.794 premios, cien por décimo.
  • El resto de categorías, del segundo premio a los ocho quintos, con sus propias cuantías por serie.

Esa es la razón por la que la cuenta del principio, la de los dos millones, resulta engañosa si se mira solo contra el Gordo: el desembolso no compra una única opción, compra el cuadro completo. Lo que no compra, en ningún caso, es certeza.

¿Cómo encaja el Gordo en el gasto de toda la campaña?

Mal, si se usa para justificarlo. La cifra del primer premio no guarda ninguna relación con la constancia ni con el total puesto a lo largo de los años: cada sorteo empieza de cero y cada décimo vale exactamente lo mismo, se haya comprado el primero o el vigésimo. Sumar décimos aumenta el gasto de forma perfectamente medible y no ofrece nada equivalente a cambio salvo más combinaciones vivas.

Lo razonable, entonces, es fijar primero la cantidad que se quiere destinar y traducirla a unidades después: sesenta euros son tres décimos, doscientos son un billete. Al comprar número de lotería en Amposta esa traducción es lo único que está bajo control de quien paga, y hacerla antes evita que la cifra del Gordo acabe decidiendo el presupuesto. En Lotería Castillo el décimo se factura siempre al precio oficial, de modo que quien quiera cuadrar su desembolso puede ver cuántos décimos entran en la cantidad prevista antes de confirmar nada. Comprar número de lotería en Amposta pensando en los cuatrocientos mil euros es empezar la cuenta por el final; empezarla por los veinte que salen de la cuenta es lo que permite terminarla.