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Hubo un tiempo en que un premio de lotería se cobraba entero, sin que Hacienda se quedase con nada, y ese tiempo terminó. Es el único cambio de fondo que ha sufrido la relación entre lo que se paga y lo que se recibe: quien va a comprar número de lotería en Benidorm sigue poniendo veinte euros por décimo, pero la cifra que anuncia el sorteo y la que acaba en la cuenta ya no siempre coinciden.

Conviene contarlo en ese orden, el de la evolución del gravamen, y no como una lista de tramos de importe. Primero cómo era cuando el premio era íntegro, después qué introdujo el impuesto, luego qué se ha movido desde entonces y qué no, y por último qué significa todo eso al decidir cuánto poner. En Benidorm, como en cualquier otro punto del país, el criterio es el mismo: la fiscalidad depende del importe, jamás del lugar de compra.

¿Qué se cobraba cuando el premio no tributaba?

Durante muchísimos años los premios de las loterías del Estado estuvieron exentos por completo. Un décimo agraciado con el primer premio devolvía sus cuatrocientos mil euros y ahí terminaba la operación: no había retención, ni casilla que rellenar después, ni diferencia entre importe anunciado e importe recibido.

Eso tenía un efecto sobre la forma de hablar del sorteo que todavía dura. Las cuantías por serie y por décimo se memorizaron en aquella época como cifras limpias, y mucha gente las sigue manejando así. Pero desde hace algo más de una década esa lectura dejó de ser exacta en los tramos altos, y arrastrar la costumbre lleva a calcular de más.

Conviene además situar bien de qué se está hablando. El impuesto nunca ha recaído sobre el desembolso, sino sobre lo que el sorteo devuelve, de modo que el cambio no encareció jugar: encareció, y solo en las cuantías más altas, cobrar. Esa distinción es la que se pierde cuando alguien resume el asunto diciendo que ahora la lotería paga impuestos.

¿Qué introdujo el gravamen para quien acaba de comprar número de lotería en Benidorm?

Introdujo dos conceptos que antes no hacían falta: un mínimo exento y un tipo aplicable al exceso. Hoy los primeros cuarenta mil euros de cada décimo premiado no tributan, y solo la parte que supera esa cifra queda gravada al veinte por ciento. Por debajo de ese umbral, el importe se cobra completo, exactamente como se cobraba antes.

La consecuencia práctica es que la mayoría de las categorías del sorteo no se han visto afectadas en absoluto. El reintegro de veinte euros, los cien euros de la pedrea, los seis mil de un quinto y los veinte mil de un cuarto quedan todos por debajo del mínimo exento y llegan íntegros a quien los cobra.

Importe bruto e importe neto no son lo mismo

El bruto es el que publica el sorteo por serie y por décimo; el neto es el que queda tras aplicar el veinte por ciento sobre lo que exceda de cuarenta mil euros. Solo el tercer premio, el segundo y el primero superan hoy ese umbral por décimo, así que solo en esos tres casos la distinción tiene efecto sobre el dinero.

¿Qué se ha movido desde entonces y qué ha permanecido?

El mínimo exento no nació en la cifra actual: empezó siendo muy inferior y se ha ido elevando por escalones hasta los cuarenta mil euros de hoy, lo que ha ido sacando categorías enteras del alcance del impuesto. El tipo aplicable al exceso, en cambio, ha sido mucho más estable.

  • El precio del décimo, veinte euros, es ajeno por completo a la fiscalidad del premio.
  • El mínimo exento se aplica por décimo premiado, no al conjunto de lo que alguien juegue.
  • La retención la practica la entidad que paga, y llega ya descontada.
  • Quien decide comprar número de lotería en Benidorm no adelanta ni un euro de impuesto al pagar.
  • El plazo de tres meses para cobrar es independiente de que el premio tribute o no.

Lo que no ha cambiado nunca es el sentido de la operación: se tributa sobre lo ganado, no sobre lo gastado. Los veinte euros del décimo no desgravan ni se descuentan de nada, y un décimo no premiado no genera ningún efecto fiscal.

Implica que la aritmética que se hace antes de pagar debe usar cifras netas cuando se manejan los tramos altos, y brutas cuando se manejan los bajos. Comparar el desembolso con un primer premio anunciado sin descontar la retención distorsiona el cálculo, del mismo modo que descontarla en la pedrea lo distorsiona en sentido contrario, porque ahí no hay nada que descontar.

Implica también que repartir el gasto tiene consecuencias fiscales, y no solo económicas: cuando un décimo se juega entre varias personas, cada una responde de la parte que efectivamente recibe, y por eso conviene poder acreditar cómo se organizó el pago desde el primer día. Antes de comprar número de lotería en Benidorm en compañía, ese acuerdo debería estar documentado, no solo hablado.

Quien quiera hacer números con datos y no de memoria puede repasar qué se paga y qué devuelve cada categoría de la lotería de Navidad antes de decidir el desembolso. Lotería Castillo deja constancia del importe abonado y de la fracción adquirida, que es el documento con el que después se acredita quién puso qué. Comprar número de lotería en Benidorm no cuesta hoy ni un céntimo más por el impuesto: lo que ha cambiado está al otro lado de la operación, en lo que vuelve.