El reintegro tiene una propiedad que no comparte ninguna otra casilla del sorteo: su importe se conoce antes de pagar, porque es el precio. Devuelve 20 € por décimo, que son los 20 € que costó ese décimo. Esa coincidencia lo convierte en algo más útil que un premio pequeño: lo convierte en una vara de medir. Antes de comprar número de lotería en Cullera, todo el cuadro de premios se puede leer contestando a una sola pregunta —cuántas veces cabe el precio de un décimo en cada casilla— y las cifras dejan de ser abstractas. Aquí van ordenadas por esa distancia, de las que están al alcance de la vara a las que se salen de ella.
Conviene aclarar antes los dos términos que más se mezclan. El reintegro se cobra por la última cifra y devuelve el precio. Una terminación de dos cifras coincidente con las de los tres primeros premios paga 1.000 € por serie, esto es 100 € al décimo. Son casillas distintas, pagan cantidades distintas y llamarlas igual es el origen de casi todas las cuentas mal hechas.
Lo que se hace mal desde la primera casilla: llamarla premio
Un décimo que recibe el reintegro deja a quien lo compró exactamente como estaba: había 20 € antes de pagarlo y hay 20 € después de cobrarlo. No hay saldo a favor de ningún tipo, y por eso apuntarlo en la columna de lo ganado descuadra la cuenta de toda la campaña. Es el fallo más repetido y el más inofensivo, porque no cuesta dinero, solo confunde.
Lo correcto es apuntarlo en la columna del gasto, con signo contrario: esa unidad ha salido gratis y el resto de las unidades siguen costando lo mismo. Hecho así, el reintegro pasa a ser la unidad de medida natural del sorteo. Una casilla vale «dos décimos», «cinco décimos» o «trescientos décimos», y esas cifras dicen bastante más que las cantidades en bruto.
Al alcance de la vara: las casillas que valen unos pocos décimos
La primera casilla que se separa del precio son los 100 € al décimo de una terminación de dos cifras, que son cinco veces lo pagado. Ahí sí hay saldo a favor sobre esa unidad. La misma cantidad reparte la pedrea, con sus 1.794 premios de 1.000 € por serie: en la vara de medir, cada uno de esos premios equivale a cinco décimos.
El error que aparece aquí es el contrario del anterior: despachar estas casillas con un «solo la pedrea» cuando multiplican por cinco el desembolso de la unidad. La forma correcta de decirlo es que en una casa con varias unidades compradas, estas dos casillas son las únicas que se mueven en la misma escala que el gasto, y por tanto las únicas que pueden alterar de verdad la cuenta del año sin cambiar nada más.
Donde la vara empieza a fallar al comprar número de lotería en Cullera
A partir de aquí las equivalencias dejan de ser manejables y ese es justamente el dato. Un quinto paga 6.000 € al décimo, que son trescientas veces el precio de la unidad. Un cuarto paga 20.000 € al décimo: mil veces. Ninguna de las dos cantidades tributa, porque las dos quedan por debajo de la línea de los 40.000 €, así que se ingresan enteras y la equivalencia es limpia.
- Un reintegro equivale a un décimo: 20 € devueltos sobre 20 € pagados.
- Una terminación de dos cifras o un premio de la pedrea equivalen a cinco décimos: 100 €.
- Un quinto equivale a trescientos décimos, y un cuarto, a mil.
- Nada de esto es una forma de jugar: es una forma de ver el tamaño de cada casilla antes de comprar número de lotería en Cullera.
- La equivalencia se rompe en cuanto una cantidad supera los 40.000 €, porque entonces lo que se ingresa ya no es lo que dice el cuadro.
¿Y las aproximaciones y la centena, que tampoco se piden?
Esas dos casillas no se buscan y no se pueden medir de antemano con ninguna vara, porque dependen de dónde caiga el número premiado respecto al comprado. Las aproximaciones corresponden a los números anterior y posterior de los tres primeros premios, y las centenas, a los números que comparten sus tres primeras cifras. Aparecen solas, sin haber pagado nada aparte por ellas, y por eso quedan fuera de esta cuenta aunque sí entren en el cobro.
Con los tres primeros premios la comparación pierde sentido práctico. El primero paga 400.000 € al décimo, veinte mil veces el precio de la unidad; el segundo, 125.000 €, y el tercero, 50.000 €. En los tres casos entra además la retención: por encima de 40.000 € se tributa al 20 % sobre el exceso, de modo que la cifra publicada y la que llega a la cuenta se separan, y la vara de medir habría dado un resultado engañoso.
Ese es el límite del método y conviene decirlo con claridad. Medir en décimos sirve para entender la parte baja del cuadro, que es la que le ocurre a más gente y la que más se malinterpreta; para la parte alta solo sirve la cifra neta. Lo que no cambia en ningún tramo es el precio de entrada: quien va a comprar número de lotería en Cullera pone 20 € por unidad y 200 € por el billete completo de diez décimos, mida luego como mida el cuadro.
Para qué sirve la vara y para qué no
No sirve para elegir, porque todas las combinaciones del 00000 al 99999 pagan lo mismo en cada casilla. No sirve para calcular lo que va a pasar, porque nadie lo sabe. Sirve para lo único que se puede saber antes del 22 de diciembre: el tamaño relativo de cada casilla respecto a lo que se ha puesto, que es la información que casi siempre falta cuando se habla de premios en voz alta.
Y sirve para no dejar dinero por el camino, que es la otra mitad del asunto. Un reintegro sin cobrar son 20 € perdidos igual que un quinto sin cobrar son 6.000 €, y los dos caducan a los tres meses del sorteo; quien compra a través de una administración con registro, como Lotería Castillo, tiene el resguardo asociado a su nombre y no depende de encontrar el papel. Lo práctico es dejar cada décimo anotado el mismo día en que se paga, con su importe al lado. Hecho eso, comprar número de lotería en Cullera se parece bastante más a una cuenta que a una corazonada, aunque el resultado siga sin depender de ninguna de las dos.