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La sesión del veintidós de diciembre reparte el dinero de un juego con cien mil números de cinco cifras, en el que cada décimo ha costado veinte euros. Lo que casi nunca se explica de esa mañana es que no todas las bolas exigen lo mismo del papel que se tiene en la mano: hay premios que se resuelven con una sola cifra y premios que necesitan las cinco en el orden exacto. Quien acaba de comprar número de lotería en Gijón puede recorrer la celebración por ese criterio, contando cuántas cifras del número hacen falta para que se mueva dinero, en lugar de seguir el reloj de la retransmisión.

Una cifra: el reintegro, que devuelve el importe exacto

El escalón más bajo del sorteo se juega con una única cifra, la última del número. Si coincide con la última del primer premio, el décimo cobra veinte euros, que son exactamente los veinte euros que costó. No es un premio en sentido económico: es una devolución, y quien la cobra termina la mañana con el mismo dinero con el que empezó, ni un céntimo por encima.

Que dependa de una sola cifra tiene una consecuencia práctica en el reparto del gasto. Un mismo número tiene la misma terminación en todos sus décimos y en todas sus series, así que dentro de un grupo que ha comprado varios décimos del mismo número el reintegro cae para todos o para ninguno. Conviene saberlo antes de repartir aportaciones, porque explica por qué a veces vuelve dinero a todo el grupo a la vez y a veces no vuelve nada.

Tres cifras: la centena, que se cobra sin que salga la propia bola

El escalón siguiente no exige acertar el número, sino compartir sus tres primeras cifras con uno de los premios grandes. Es lo que se llama la centena, y funciona como un reparto lateral: la bola premiada no es la del décimo que se tiene, pero arrastra consigo a un grupo entero de números vecinos por delante y por detrás en la numeración.

En términos de desembolso, este escalón explica algo que sorprende cada año en las mesas donde se comprueban los décimos: se puede cobrar sin haber acertado nada de lo que se buscaba. Lo que cuesta comprar número de lotería en Gijón no varía por estar cerca o lejos de esa vecindad numérica, porque nadie sabe de antemano qué centena resultará premiada. La cifra que se recibe es modesta comparada con el premio que la origina, pero se reparte sobre muchos décimos a la vez, y es una de las razones por las que la mañana del sorteo mueve mucho más dinero pequeño que dinero grande.

Cinco cifras exactas: donde se decide casi todo el reparto

El tercer escalón exige el número completo, y agrupa desde el premio más repetido hasta el más raro. Ordenados por cuántas veces suenan durante la sesión, y no por lo que valen, quedan así:

  • La pedrea: mil setecientos noventa y cuatro premios de mil euros por serie, es decir, cien euros al décimo, cantados durante toda la mañana.
  • Los ocho quintos premios: sesenta mil euros por serie, seis mil euros al décimo.
  • Los dos cuartos premios: doscientos mil euros por serie, veinte mil euros al décimo.
  • El tercer premio: quinientos mil euros por serie, cincuenta mil euros al décimo.
  • El segundo premio: un millón doscientos cincuenta mil euros por serie, ciento veinticinco mil euros al décimo.
  • El primer premio: cuatro millones de euros por serie, cuatrocientos mil euros al décimo, la única bola que resuelve de golpe todo lo puesto al comprar número de lotería en Gijón.

¿Por qué este escalón no admite parecidos?

Porque aquí el número se compara entero y en el mismo orden, sin margen. Un décimo que coincide en cuatro de las cinco cifras no cobra nada por ese escalón: o está cantado tal cual, o no está. Es la diferencia con los dos escalones anteriores, donde bastaba una parte del número, y explica por qué la comprobación de esta franja es la más rápida de todas: se lee la línea completa y se decide en un segundo, sin cuentas intermedias ni interpretaciones sobre el papel que se tiene delante.

El cuarto escalón es el más curioso de la sesión, porque premia por proximidad numérica. Los números inmediatamente anterior y posterior a cada uno de los tres primeros premios cobran una aproximación, sin que su bola haya salido del bombo en ningún momento. El azar del sorteo, en ese caso, ni siquiera pasa por el número que figura en el papel.

Para el bolsillo, esto significa que la mañana puede terminar con dinero de vuelta por una vía que nadie eligió ni pudo elegir. No hay forma de comprar la vecindad de un premio, porque no se sabe de antemano cuál será, y por eso este escalón no debe entrar en ninguna cuenta previa: es una posibilidad del reglamento, no un criterio de compra.

Cuando se apagan los bombos: del número a la cuenta corriente

Terminada la extracción, el número deja de mandar y empiezan a mandar dos datos que no dependen de ninguna cifra del décimo. El primero es fiscal: los premios superiores a cuarenta mil euros tributan al veinte por ciento sobre la parte que excede esa cantidad, de modo que el importe cantado y el importe ingresado no coinciden en las categorías altas. El segundo es el plazo: hay tres meses desde el sorteo para presentar el décimo, y agotado ese margen el papel no vale nada aunque su número esté en el cuadro.

Conviene además saber dónde está físicamente el décimo antes de que empiece la sesión, porque de eso depende quién puede presentarlo. Con un resguardo digital emitido por un punto autorizado, como los que expide Lotería Castillo, la custodia queda del lado del vendedor y la comprobación no exige tener el papel delante; con un décimo de mostrador, la responsabilidad de guardarlo es de quien lo compró. Si se prefiere lo segundo pero sin desplazamientos, existe la opción de encargar los décimos de Navidad a un punto de venta autorizado con antelación suficiente.

Recorrida así, por número de cifras y no por orden de aparición, la mañana se entiende mejor desde el punto de vista del dinero: una cifra devuelve lo pagado, tres cifras reparten cantidades pequeñas entre muchos, cinco cifras exactas deciden casi todo el importe y cinco cifras vecinas premian sin acertar. Quien va a comprar número de lotería en Gijón con esa escalera en la cabeza sabe qué parte de su desembolso se juega en cada momento, y sabe también que ninguna de esas casillas se puede comprar por separado.