Del sorteo de Navidad se habla casi siempre como si todo estuviera por decidir, y no es así: hay cantidades que están fijadas antes de pagar, otras que dependen de una condición y otras que no se pueden anticipar de ninguna manera. El reintegro se entiende mucho mejor si se coloca en esa escala en lugar de meterlo en la lista de premios, porque es la única casilla que ocupa un peldaño intermedio. Quien va a comprar número de lotería en Málaga puede recorrer los pasos que siguen ordenados por una sola cosa: cuánto se sabe de cada cifra antes de que empiece el sorteo.
Paso 1: lo que se conoce con certeza absoluta, que es lo que sale
Antes de que intervenga nada, hay dos cantidades cerradas. Una es el precio: veinte euros el décimo y doscientos la serie completa de diez décimos del mismo número, sin que la combinación elegida altere ni un céntimo. La otra es la estructura del número: cinco cifras, de las cuales solo la última se juega por separado.
Esa parte de la escala no admite matices y conviene apoyarse en ella, porque es la única que permite hacer una cuenta exacta. Todo lo que se pague en la campaña se sabe al céntimo el mismo día en que se paga; nada de lo que pueda volver se sabe hasta el 22 de diciembre.
Paso 2: lo que se conoce a medias, que es el reintegro
Aquí está la particularidad de esta casilla y la razón de tratarla aparte. Del reintegro se conoce el importe antes del sorteo —veinte euros por décimo— y no se conoce la condición, que depende de qué cifra final salga. Ninguna otra casilla del cuadro está en esa situación: de todas las demás se ignoran las dos cosas hasta el final.
Conocer el importe de antemano tiene una consecuencia que se pasa por alto: como coincide exactamente con lo que costó el décimo, no añade nada al dinero disponible. Deja la unidad como si no se hubiera comprado. Por eso, al comprar número de lotería en Málaga, la cifra final no decide cuánto se puede llegar a recibir, sino qué unidad concreta puede quedar anulada.
Paso 3: lo que no se conoce ni en importe ni en condición
El resto del cuadro está un peldaño más abajo en la escala de certeza, porque exige las cinco cifras completas y su cuantía depende de la casilla en la que caiga el número. La pedrea deja cien euros al décimo, un quinto seis mil, un cuarto veinte mil, y de ahí hacia arriba están el tercero, el segundo y el primero, que paga cuatrocientos mil euros al décimo. Ninguna de esas cantidades se puede dar por descontada: son lo que paga cada casilla si toca, no lo que va a ocurrir.
La diferencia con el peldaño anterior es de naturaleza, no de tamaño. Sobre el reintegro se puede hacer una frase completa antes del sorteo, «si sale mi cifra vuelven veinte euros por cada décimo que acabe así»; sobre el resto solo se puede decir cuánto pagaría, sin poder acotar nada más. Y hay dos condiciones que se aplican encima de todas ellas: los importes superiores a cuarenta mil euros tributan al veinte por ciento sobre el exceso, de modo que la cifra publicada y la que llega a la cuenta se separan en la parte alta.
¿Por qué la centena y las aproximaciones están todavía más abajo en esta escala?
Porque no dependen del número que se tiene, sino de dónde caiga el premiado respecto a él. La centena corresponde a los números que comparten las tres primeras cifras con uno de los tres primeros premios, y las aproximaciones, a los inmediatamente anterior y posterior de cada uno de esos tres. No hay ninguna frase que se pueda decir de ellas antes del sorteo, ni siquiera condicional, porque la condición la fija el resultado. Se heredan o no se tienen.
El último peldaño de la escala se parece al primero, porque tampoco depende del bombo. Hay dos decisiones que se toman en el mostrador y que quedan cerradas ahí mismo, y conviene distinguirlas de todo lo anterior:
- Cuántas unidades se compran, a veinte euros cada una, sin excepción ni descuento.
- En qué cifra final queda depositado el dinero de cada décimo, que es una consecuencia del número aceptado y no una categoría aparte.
- Si esas unidades se concentran en una misma cifra final o quedan repartidas entre varias.
- Cuántas papeletas ajenas se aceptan, cuyo número no siempre se conoce y cuyo donativo lo fija quien las reparte.
- Y una que no se decide: comprar número de lotería en Málaga no permite elegir qué cifra saldrá, solo cuál se tiene.
Ninguna de esas decisiones mejora la posición de partida, porque las cien mil combinaciones que van del 00000 al 99999 están en idénticas condiciones y las diez cifras finales también. Lo que hacen es fijar dónde queda apoyado el dinero, que es información distinta de una ventaja y conviene no confundirlas.
Paso 5: la certeza que más se incumple, que es una fecha
Al final de la escala aparece un dato tan seguro como el precio y bastante peor atendido: hay tres meses desde el sorteo para presentar cualquier décimo premiado, y el plazo es el mismo para los veinte euros de un reintegro que para la casilla más alta del cuadro. Vencido ese margen no queda nada que reclamar, así que la única cantidad conocida de antemano puede acabar sin cobrarse por una cuestión de calendario.
Es además la casilla que más veces se queda sin presentar, precisamente porque su importe es pequeño y no parece justificar la gestión; y como el reintegro se cobra íntegro, al quedar muy lejos del umbral de los cuarenta mil euros, lo que se pierde por no presentarlo es exactamente lo que costó la unidad. En Málaga, como en cualquier otro sitio, estas reglas no las fija el punto de venta sino el propio sorteo, así que lo único que cambia de un sitio a otro es la comodidad de la gestión. Quien quiera repasarlas puede ver qué devuelve la última cifra y qué exige el resto del cuadro antes de decidir cuántas unidades compra; Lotería Castillo mantiene esa información publicada durante toda la campaña. Resumido en una línea: comprar número de lotería en Málaga es pagar una cantidad exacta hoy a cambio de una lista de cantidades inciertas mañana, y el reintegro es el único punto donde esas dos columnas se tocan.