Elegir un número es ir descartando, y el descarte se puede recorrer como lo que es: un embudo que empieza en cien mil combinaciones y termina en una. Lo interesante no es en qué orden se aplican los criterios personales, sino cuánto estrecha el campo cada uno y qué precio lleva al lado. Puestos en fila, se ve enseguida que todos los tramos del embudo son gratis menos el último, y que ese último no tiene nada que ver con las cifras. Quien va a comprar número de lotería en Manacor puede recorrerlo entero antes de pagar y comprobar en qué punto empieza a salir dinero.
Paso 1: el punto de partida son cien mil combinaciones al mismo precio
El sorteo emite los números que van del 00000 al 99999, y todos cuestan lo mismo: veinte euros el décimo, doscientos el billete completo de diez décimos del mismo número dentro de una serie. No hay combinaciones caras ni baratas, ni recargo por pedir una concreta, ni descuento por aceptar la primera que aparezca.
Ese dato, que parece obvio, es el que sostiene todo lo demás. Si el precio fuera distinto según la cifra, elegir sería una decisión económica; como no lo es, elegir es una preferencia y el desembolso se decide en otro sitio. Conviene tenerlo presente porque la conversación previa a la compra suele girar entera alrededor del número, que es la parte que no aparece en la cuenta.
Paso 2: primer tramo del embudo, la cifra final
Fijar cómo termina el número reduce el campo de cien mil a diez mil combinaciones, y es el filtro que más estrecha de todos los que se aplican de forma habitual. Es también el único que tiene una consecuencia identificable en el cuadro de premios, porque la última cifra es la que da derecho al reintegro, que devuelve veinte euros por décimo, es decir, el precio exacto de la unidad.
Eso no convierte el filtro en una ventaja. Las diez cifras finales posibles están en la misma posición de partida, así que quedarse con una u otra no acerca ni aleja nada; lo único que hace es decidir en qué dígito queda depositado el dinero. El coste añadido de este tramo es cero: comprar número de lotería en Manacor con una terminación elegida cuesta lo mismo que aceptando la que sea.
Paso 3: segundo tramo, la forma del número
Aquí entran los criterios que buscan una cifra con sentido para quien la compra. Los números que se leen igual del derecho y del revés son mil dentro de los cien mil, porque con cinco posiciones las dos últimas quedan determinadas por las dos primeras. Las fechas señaladas estrechan el campo de otra manera, ya que hay que hacer caber un día y un mes en cinco cifras, y los números repetidos o consecutivos lo estrechan todavía más.
Ninguno de estos filtros mueve el importe. Se aplican mentalmente, en el momento de decidir, y el papel resultante cuesta veinte euros como cualquier otro. Son, en términos estrictos, la parte gratuita de la operación, y por eso pueden decidirse por los motivos que a cada cual le apetezcan sin que el presupuesto se entere de nada.
¿Por qué ningún tramo del embudo mejora la posición de partida?
Porque el embudo lo construye quien compra, no el sorteo. Las cien mil combinaciones entran en él en idénticas condiciones y salen igual: el cuadro paga lo mismo a cualquiera de ellas, desde el reintegro de veinte euros hasta los cuatrocientos mil que corresponden al décimo del primer premio. Estrechar el campo reduce las opciones entre las que uno elige, no las que el bombo tiene delante.
Paso 4: el tramo que sí cuesta dinero, y no es una cifra
El embudo termina en una combinación, y ahí aparece la única pregunta con importe: cuántas unidades de ella se quieren. Es el punto exacto en el que el criterio personal deja de ser gratuito, porque empeñarse en una cifra concreta lleva a menudo a comprar más décimos de los previstos para tenerla por partida doble o triple. Resumido con los precios al lado, el recorrido completo queda así:
- Cien mil combinaciones de partida, todas a veinte euros el décimo.
- Fijar la cifra final: quedan diez mil, y el precio sigue siendo veinte euros.
- Fijar la forma del número: el campo se estrecha mucho más y el precio no se mueve.
- Quedarse con una combinación concreta: comprar número de lotería en Manacor cuesta veinte euros la unidad.
- Querer esa combinación repetida: cada repetición suma otros veinte, y el billete completo son doscientos.
Dicho de otro modo, el embudo no encarece nada hasta que se sale de él por el lado de la cantidad. Y esa decisión, la de cuántas unidades, es la única del proceso que conviene tomar antes de empezar a descartar cifras, porque es la que fija el techo de todo lo demás.
Conviene mirar el recorrido completo una vez terminado, porque deja una conclusión bastante clara. El primer recorte, el de la cifra final, aparta noventa mil combinaciones y no cuesta nada. El segundo, el de la forma del número, aparta casi todas las que quedaban y tampoco cuesta nada. El tercero, quedarse con una sola, sigue costando veinte euros. El único recorte que se paga es el que no toca ninguna cifra: pasar de una unidad a dos.
De ahí que la conversación previa esté casi siempre invertida. Se dedican semanas al tramo gratuito del embudo y unos segundos al tramo que aparece en la cuenta, cuando el orden útil es el contrario: fijar primero cuántas unidades caben en lo que se quiere gastar y recorrer después las cifras, que a esas alturas ya no pueden encarecer nada. En Manacor, como en cualquier otro sitio, ese recorrido es idéntico para las cien mil combinaciones, porque ninguna de ellas está a la venta a un precio distinto. Quien prefiera cerrar antes la parte que sí cuesta puede ver qué unidades de compra existen y cuánto vale cada una y elegir después la cifra con calma; Lotería Castillo aplica el mismo importe a todas ellas. Visto así, comprar número de lotería en Manacor se resuelve decidiendo cuánto se pone y en cuántas partes, y el embudo de las cifras es la parte agradable de la operación, la que se puede recorrer entera sin que cambie el precio ni una sola vez.