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El plazo para cobrar un premio del sorteo de Navidad son tres meses desde el 22 de diciembre, y lo que decide si se aprovecha o se pierde no es conocer esa fecha, sino cuántas veces se mira lo comprado antes de que llegue. La mayoría de la gente hace una sola pasada; el dinero que caduca es casi todo el que habría aparecido en la segunda y en la tercera. Por eso lo que viene ordenado a continuación son las tres revisiones que caben dentro del plazo, en el orden en que se hacen, y lo que rescata cada una de lo que costó comprar número de lotería en Martos.

Primera pasada, el mismo día: solo se busca el número entero

La revisión del 22 de diciembre es rápida y sesgada: se comprueba si la numeración propia figura entre los premios que se cantan, y con eso se da por cerrado el asunto. Es una pasada útil para las categorías altas y ciega para todo lo demás, porque busca coincidencias exactas de cinco cifras y descarta en bloque cualquier papel que no las tenga.

Conviene ser consciente de qué queda fuera en ese primer vistazo. Fuera queda el reintegro, que depende de una sola cifra; fuera queda la centena, que alcanza a los números que comparten las tres primeras con un premio grande; fuera quedan las aproximaciones a los números anterior y posterior de los tres primeros premios; y fuera queda buena parte de la pedrea. Nada de eso se localiza mirando si el número propio aparece en una lista: hay que compararlo con otro, y eso ya no es una pasada de un minuto.

Segunda pasada, días después: lo que el mismo papel todavía devuelve

Esta es la revisión que casi nadie hace y la que más importes recupera, porque se hace con la lista completa delante y sin la prisa del día del sorteo. Sobre un décimo que en la primera pasada se dio por perdido, estas son las cantidades que aún pueden aparecer:

  • Reintegro: veinte euros por acertar la última cifra, exactamente lo que costó el décimo.
  • Pedrea: cien euros por décimo, de los mil euros por serie de cada uno de sus premios.
  • Centena: alcanza a todos los números que comparten las tres primeras cifras con uno de los tres primeros premios.
  • Aproximaciones: corresponden a los números inmediatamente anterior y posterior de esos mismos premios.
  • Quintos y cuartos: seis mil y veinte mil euros por décimo, cuantías que pasan desapercibidas al lado del titular.

Tercera pasada, semanas más tarde: el dinero que llegó por otras manos

Queda una revisión que no tiene que ver con los décimos comprados por uno mismo, sino con todo lo que se acumula sin haberlo buscado: papeletas de participación aceptadas en una comida, en un local o en una asociación; décimos regalados; fracciones puestas en un bote del que alguien lleva la cuenta. Ese material rara vez está junto, y muchas veces ni siquiera se recuerda cuánto suma.

Aquí el dinero se pierde por una razón distinta a la de las dos pasadas anteriores: no porque se revise mal, sino porque lo que hay que revisar ni siquiera está reunido. Al comprar número de lotería en Martos uno sabe lo que ha pagado, pero lo que llega por vías ajenas no lo apunta nadie, y en marzo es imposible reconstruirlo de memoria.

¿Cuánto suma lo que se acepta sin haberlo buscado?

Más de lo que parece, porque entra de dos en dos y de tres en tres a lo largo de dos meses. Cinco papeletas aceptadas por compromiso ya son cinco numeraciones distintas repartidas por cinco sitios, cada una con su propio reintegro posible y su propia fecha de vencimiento, y ninguna de ellas figura en la cuenta que uno lleva de lo suyo.

La caducidad no distingue por cuantía: los tres meses corren igual para el importe más pequeño del cuadro que para el mayor, y el resultado de dejarlos pasar es el mismo en los dos casos. Lo que sí distingue es la probabilidad de que ocurra, y por eso lo que se abandona son siempre las cantidades bajas. Puesto en la misma escala del gasto, diez reintegros sin reclamar suman doscientos euros, el precio exacto de un billete completo; dos décimos con pedrea sin reclamar suman esa misma cifra. Y un décimo con pedrea dividido entre cinco personas deja veinte euros a cada una, justo lo que cuesta un décimo nuevo, aunque casi nadie se mueva por ellos. No es dinero perdido en el sorteo: es dinero ganado y no recogido.

Al vencimiento no desaparece el papel, desaparece el derecho a convertirlo en dinero. El número sigue figurando en la lista de premiados y el décimo sigue en el cajón, pero ya no se puede pedir nada por él, sin prórroga por desconocimiento ni por descuido. Antes de comprar número de lotería en Martos conviene tener decidido quién revisará y en qué fechas, porque esa decisión vale tanto como el importe que se está pagando.

Cómo se encadenan las tres pasadas

La primera se hace sola, el día del sorteo, con la radio o la pantalla puestas. La segunda hay que ponerla en el calendario, porque nada la convoca: basta con fijar un día de enero y revisar de una vez todos los papeles, categoría por categoría. La tercera es la que exige reunir antes lo disperso, y por eso conviene anotar desde octubre qué llega y de dónde, en Martos o donde sea que se haya comprado, para no depender en marzo de la memoria de nadie.

Quien quiera tener a mano las cuantías que hay que buscar en la segunda pasada puede repasar lo que paga cada categoría por décimo, tal como aparecen en Lotería Castillo separadas del importe que corresponde a la serie completa. Comprar número de lotería en Martos son veinte euros por unidad; no revisarlos tres veces antes de que venza el plazo es aceptar de antemano que una parte de ese dinero no vuelva.