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Entre la cifra que se canta el 22 de diciembre y la que acaba en una cuenta hay una sucesión de restas, y todas se conocen de antemano. Este texto las recorre en el orden en que se aplican, una por paso: primero la que convierte el importe de la serie en el del papel, después la que descuenta lo que es de otros, luego la del impuesto y al final la que puede llevárselo todo. Solo al terminar aparece la única cantidad que no se resta nunca, que es precisamente lo que costó comprar número de lotería en Mérida. Hacer la cuenta en este orden evita el error más común al cobrar, que es celebrar una cifra que nunca estuvo en juego.

Primera resta: de la cifra por serie a la cifra por papel

Las cuantías del sorteo de Navidad están escritas por serie, y una serie son diez décimos. El primer premio son cuatro millones de euros por serie, de manera que a cada décimo le corresponden 400.000 €; el segundo son un millón doscientos cincuenta mil por serie y 125.000 € al décimo; el tercero, quinientos mil y 50.000 € al décimo. La resta no es un descuento: es que la cifra grande nunca fue de una sola persona.

Conviene hacerla antes que ninguna otra, porque es la que más desconcierto produce cuando se hace tarde. Quien pasa toda la mañana repitiendo la cifra por serie y solo al llegar a la ventanilla la divide entre diez está descubriendo su premio dos veces, y la segunda es peor que la primera.

Segunda resta: lo que se pactó al comprar número de lotería en Mérida entre varias personas

El segundo descuento no lo aplica nadie: viene de cómo se pagó. Si el décimo se abonó entre varias personas, cada una cobra en la proporción exacta en que puso el dinero, y esa proporción quedó fijada meses antes, en el momento del pago. Si lo que se tiene es una papeleta de participación, lo que se cobra se calcula sobre la fracción de décimo que la papeleta respalda, no sobre el importe que se entregó por ella, porque el donativo que la acompaña ni juega ni vuelve.

Es la resta que más discusiones genera y la única que se puede dejar preparada por escrito. Un décimo del tercer premio pagado a partes iguales entre cinco personas deja 10.000 € brutos a cada una, y esa división es indiscutible si se dejó anotada en octubre y una fuente de discusión si no se anotó.

Tercera resta: el impuesto, que solo muerde por encima de un umbral

La tercera resta sí la practica quien paga el premio, y se aplica en el momento del cobro, de modo que el dinero llega con el descuento ya hecho. Los premios tributan al veinte por ciento sobre la parte que excede de 40.000 €. Por debajo de esa cifra no se retiene nada en absoluto, lo que deja categorías enteras del cuadro fuera del impuesto.

  • Reintegro, 20 € al décimo: se cobra íntegro y devuelve justo lo que costó comprar número de lotería en Mérida por esa unidad.
  • Pedrea, 100 € al décimo: íntegros también, muy lejos del umbral.
  • Un quinto premio, 6.000 € al décimo: sin retención alguna.
  • Un cuarto premio, 20.000 € al décimo: tampoco llega al umbral, así que se ingresa completo.
  • Un tercer premio, 50.000 € al décimo: los primeros cuarenta mil quedan libres y el exceso de diez mil paga dos mil, con lo que se ingresan 48.000 €.

La escala tiene, por tanto, un punto de inflexión claro, y no está donde la gente supone. Buena parte de los premios del sorteo se cobran sin que Hacienda intervenga, y el veinte por ciento no se aplica sobre el total en ningún caso, sino sobre lo que sobrepasa los cuarenta mil euros.

Dos décimos del mismo premio no se suman

Cada décimo premiado es un premio independiente y se liquida por separado, con su propio umbral. Dos décimos de un mismo cuarto premio son dos importes de 20.000 € que se ingresan enteros, no un premio de cuarenta mil que roce el límite. La cuenta se hace papel a papel, igual que se hizo el pago: quien decidió comprar número de lotería en Mérida en varias unidades sueltas mantiene esa misma estructura hasta el final del cobro.

La última resta es de otra naturaleza porque no admite fracciones: hay tres meses desde el 22 de diciembre para presentar el título y cobrarlo, los mismos en Mérida que en cualquier otra parte. Dentro del plazo no hay ninguna prisa y el importe no cambia por presentarlo el día siguiente o el último; fuera del plazo no queda nada, y da igual que la cifra fuera de cien euros o de cuatrocientos mil.

Es la resta más fácil de evitar y la que se lleva por delante importes pequeños casi todos los años, porque un décimo de pedrea no se echa de menos igual que uno de un premio mayor. Anotar la fecha límite el mismo día del sorteo, junto al recuento de lo que hay, cuesta un minuto. Comprar número de lotería en Mérida y no presentar a tiempo el papel premiado es la única forma de que un acierto termine valiendo cero.

Lo único que no se resta: los veinte euros de la unidad

Recorridas las cuatro restas, queda una cantidad que no aparece en ninguna de ellas. Los 20 € que cuesta cada décimo se pagaron en su día y ya no vuelven a intervenir: no se descuentan del premio, no se recuperan aparte y no cambian según lo que ese papel acabe cobrando. Solo el reintegro los devuelve, y los devuelve exactos, ni un céntimo más.

Esa es la asimetría que conviene tener presente antes de que llegue diciembre. La cifra del final es una hipótesis que se va encogiendo a cada paso, mientras que la del principio es un dato cerrado el día que se paga. Lotería Castillo hace constar en cada operación el número, la serie y la fracción, que son los tres datos con los que se hace la primera de las restas, así que quien quiera tener claro el punto de partida puede revisar las condiciones de compra del décimo de Navidad y guardar la anotación junto al papel. Todo lo que viene después son operaciones aritméticas que ya no dependen de nadie.