Repartir un número en participaciones se presenta siempre como una forma barata de jugar, y para quien recibe la papeleta lo es. Para quien reparte no: quien reparte paga primero y cobra después, y entre esas dos cosas hay un intervalo que puede durar una tarde o puede durar cinco semanas. Ese intervalo es el coste real del reparto, y no aparece en ninguna cuenta. Comprar número de lotería en Olot para trocearlo cuesta los mismos veinte euros por décimo que comprarlo para uno mismo; lo que cambia es que ese dinero está fuera del bolsillo de una sola persona durante todo el tiempo que tarde en colocarse la última papeleta.
Antes del reparto: alguien paga el décimo entero y espera
El sorteo no emite participaciones. Emite números divididos en series y series divididas en diez décimos de veinte euros, y ahí se detiene. Cualquier corte por debajo de esa unidad lo hace después una persona o una entidad, y para hacerlo tiene que haber pagado antes el papel completo con dinero propio.
Eso convierte el primer tramo del reparto en un adelanto. Durante los días que van desde la compra hasta que se coloca la primera papeleta, hay veinte euros gastados y ninguno recuperado, y esa situación se prolonga tanto como se prolongue el reparto. Es la razón por la que en Olot, y en cualquier sitio donde se reparte, las papeletas empiezan a circular en otoño y no en la semana del sorteo: cuanto antes se cierra la lista, menos tiempo permanece el adelanto en pie.
El tramo del reparto: cada papeleta entregada acorta la espera
El reparto no es un acto, es un goteo. Se coloca en un día lo que se coloca, y el resto se va cerrando en las semanas siguientes, según coincidan las personas. En Olot, con una lista corta, puede resolverse en dos tardes; con una lista larga, no. Cada papeleta entregada devuelve a quien la emitió una parte de lo que puso, de modo que el adelanto se va reduciendo poco a poco hasta desaparecer el día en que se coloca la última.
Junto a la cantidad jugada suele añadirse un donativo, que fija quien reparte, varía de un caso a otro y no entra en el bombo. Ese añadido se paga en el mismo momento de recibir el papel y ya no vuelve, así que es una cifra que hay que conocer antes de aceptar la papeleta y no cuando haya algo que repartir.
El donativo se pregunta en ese minuto, no en enero
Preguntar cuánto se añade en el momento de la entrega cuesta diez segundos y se responde sin incomodidad, porque todavía no hay nada en juego. La misma pregunta en los días posteriores al sorteo cuesta una discusión, porque para entonces cada uno ha hecho su propia cuenta de lo que puso. La diferencia entre las dos conversaciones es solo de calendario.
Las semanas siguientes: comprar número de lotería en Olot por fracciones obliga a dos custodias
Cerrado el reparto, empieza un periodo muerto que dura hasta el 22 de diciembre y en el que no hay nada que decidir, pero sí dos cosas que guardar en sitios distintos. Una es el décimo original, que sigue en manos de quien lo pagó y es el único papel que sirve para cobrar. La otra son las papeletas, repartidas por tantas casas como participantes haya, cada una en un cajón diferente.
Esa duplicidad es lo que distingue el reparto de una compra individual. Un décimo propio se custodia unas semanas y se acabó; un décimo repartido obliga a que catorce o veinte personas conserven durante esas mismas semanas un papel pequeño que se arruga, se moja y se traspapela con una facilidad notable. En Olot circulan cada campaña papeletas de procedencias muy distintas, y ninguna se sustituye por otra si desaparece.
Después del sorteo: los días que separan el cobro del reparto
Si hay algo que cobrar, la primera parte puede resolverse deprisa. La segunda casi nunca. Presentar el décimo es cuestión de un rato para las cantidades menores y de unos días si hay que pasar por una entidad; localizar a todas las personas que tienen papeleta y verlas en persona es lo que se lleva las semanas, sobre todo si el reparto se hizo entre gente que no coincide a diario.
Ese retraso no lo provoca nadie y conviene anticiparlo, porque el plazo general para pedir lo que corresponda es de tres meses desde el sorteo, unos noventa días, y esos noventa días se cuentan para el décimo, no para las papeletas. Si el importe supera los cuarenta mil euros se aplica además una retención del veinte por ciento sobre el exceso antes del ingreso, de modo que lo que se reparte nunca es la cifra anunciada, sino la efectivamente cobrada. Quien va a comprar número de lotería en Olot y trocearlo entre conocidos hará bien en decir las dos cosas el primer día, cuando aún son datos y no reproches.
Puesto en horas y en semanas en lugar de en euros, el reparto se ve con otra claridad: no es una forma de gastar menos, es una forma de gastar lo mismo antes que los demás y de dedicar bastante tiempo a que todo cuadre. Quien reparte no necesita un contrato, necesita constancia, y en Olot esa constancia se resuelve igual que en cualquier otra parte: por escrito y el mismo día. Puntos de venta como Lotería Castillo dejan registrada la fecha y la hora de la compra del décimo, y esa marca sirve de referencia para toda la lista posterior.
- Los días que el décimo está pagado y todavía no se ha colocado ninguna papeleta.
- Las semanas que tarda en cerrarse el reparto, que es lo que dura el adelanto de quien decidió comprar número de lotería en Olot y dividirlo.
- Las semanas de custodia doble hasta el 22 de diciembre, en el décimo y en cada papeleta.
- Los días de gestión si hay que cobrar, que no dependen de quien reparte.
- El tiempo de localizar a todo el mundo, que es la parte más larga y la única que no se puede acelerar.
Quien prefiera evitarse esa cadena siempre puede quedarse con el décimo completo del sorteo del 22 de diciembre y no depender de la lista de nadie ni del calendario de nadie. Y quien decida repartirlo debe asumir que comprar número de lotería en Olot para dividirlo después no es un gasto menor, sino el mismo gasto adelantado durante semanas por una sola persona y devuelto a plazos por todas las demás.