Hay dos órdenes en juego cada diciembre y casi nunca coinciden. El orden en que se elige empieza por el número y acaba en el importe; el orden en que se paga empieza por el importe y no llega nunca al número. Quien va a comprar número de lotería en San Sebastián decide, sin darse cuenta, en sentido contrario al que su bolsillo registra los movimientos, y ahí se originan casi todas las cuentas que luego no cuadran.
Las cifras que intervienen, antes de ordenar nada
Conviene dejar delante lo que está fijado, porque es lo que permite comparar los dos órdenes:
- El décimo cuesta veinte euros y el billete completo, doscientos, con diez décimos del mismo número.
- Hay cien mil números posibles y todos se venden al mismo importe: ninguno es más caro que otro.
- Un décimo repartido entre varias personas sigue costando veinte euros en total.
- Quien va a comprar número de lotería en San Sebastián elige unidad y número por separado, y solo la unidad tiene precio.
- Una papeleta cuesta lo que decida quien la reparte: una parte juega y otra es donativo.
- Ese donativo varía de un caso a otro, no lo fija el sorteo y hay que preguntarlo antes de pagar.
Con esa lista a la vista se puede afirmar algo que suena raro: en la columna de precios no aparece ninguna cifra que dependa del número elegido. El precio depende de la unidad y de la vía, nunca de las cinco cifras impresas. Y sin embargo la conversación previa se dedica casi entera a esas cinco cifras.
El orden en que se elige: se empieza por lo que no cuesta
La secuencia habitual está muy asentada. Primero aparece un número, por una fecha, una matrícula o una costumbre. Después se busca dónde conseguirlo. Y al final, cuando ya hay un número en la cabeza y una vía para obtenerlo, se mira cuánto sale. El importe llega el último, como consecuencia de dos decisiones anteriores que se tomaron sin mirarlo.
El problema de esa secuencia es que la primera decisión no tiene precio y la segunda sí. Elegir cinco cifras es gratis en sentido estricto; conseguir esas cinco cifras concretas puede no serlo, porque si de ese número ya no quedan unidades sueltas, la única entrada disponible pasa a ser una fracción repartida por un tercero, con su donativo correspondiente. El coste no lo genera el número, lo genera el empeño en ese número.
¿Cuánto cuesta ese empeño, medido por euro jugado?
Depende de cada papeleta, y por eso conviene medirlo en una unidad comparable: los céntimos de donativo por cada euro que efectivamente concurre al sorteo. Sirva un supuesto de cálculo: una papeleta que pide seis euros y declara que juegan cuatro con cincuenta. La diferencia, un euro y medio, expresada en esa unidad son algo más de treinta y tres céntimos por euro jugado, de manera que poner un euro en el bombo por esa vía cuesta un euro con treinta y tres. La cifra no describe ninguna papeleta real, porque cada una fija la suya y hay que preguntarla, pero enseña dónde se aloja el coste: en el formato, no en las cifras del número.
El orden en que se paga: se empieza por lo único que tiene precio
Visto desde el dinero, la secuencia es la contraria y tiene solo dos escalones. El primero es cuánto se quiere poner, que es una decisión enteramente libre y que fija el tamaño de todo lo demás. El segundo es por qué vía entra ese dinero, que es lo único que puede añadir algo por encima del precio de emisión. El tercero, el número, no llega a existir como escalón económico: cualquiera de las cien mil combinaciones cuesta lo mismo.
Esa asimetría explica una situación bastante común. Alguien decide que va a poner una cantidad razonable, se empeña en un número determinado y acaba aceptando la vía que sea con tal de conseguirlo, sin haber preguntado cuánto añade esa vía. Al comprar número de lotería en San Sebastián de esa manera, el importe final no lo ha decidido quien paga: lo ha decidido la escasez del número que quería.
Solo hay un punto de contacto entre ambos, y conviene señalarlo con precisión. La elección del número toca el dinero exclusivamente cuando obliga a cambiar de unidad, es decir, cuando para tener ese número hay que renunciar al décimo entero y entrar por una fracción repartida. Mientras haya unidades de emisión disponibles, elegir cualquier número no mueve la cuenta ni un céntimo. En San Sebastián (Donostia), como en todas partes, el precio de las unidades oficiales es único y público, y la variación la introduce siempre el intermediario, no el bombo.
De ese cruce sale una consecuencia práctica que ordena la decisión entera. Si se es flexible con el número, el coste por euro jugado se puede mantener en un euro exacto sin esfuerzo. Si no se es flexible, conviene aceptar que la inflexibilidad tiene un precio y preguntarlo antes, no después. No hay nada censurable en pagar por un número al que se le tiene apego, siempre que se sepa cuánto se está pagando y por qué concepto.
Elegir en el orden inverso al habitual al comprar número de lotería en San Sebastián
La recomendación que se desprende es de método y no tiene nada que ver con la suerte: tomar las decisiones en el orden en que el dinero las registra. Primero, cuántos euros se quiere que concurran al sorteo. Segundo, por qué unidad van a entrar y cuánto cuesta que un euro llegue al bombo por esa vía. Tercero, y solo entonces, qué cifras llevan. Hecho así, el importe deja de ser el resultado accidental de dos decisiones previas y pasa a ser el punto de partida.
Nada de esto dice que unas cifras valgan más que otras ni sugiere que ninguna forma de jugar compense: son cuentas de coste sobre precios públicos. Lo único que no viene dado de antemano es el donativo, que cambia con cada papeleta y se pregunta antes de aceptar el papel. Operadores como Lotería Castillo publican el precio de cada unidad antes de la operación, con lo que la comparación se puede hacer con las cifras delante y no de memoria. Quien quiera empezar por ese extremo puede ver qué unidades hay a la venta y lo que cuesta cada una antes de fijarse en ningún número. Comprar número de lotería en San Sebastián en ese orden deja la elección de las cinco cifras justo donde debería estar: al final del proceso, y sin precio.