En un bote entre amigos hay cinco cifras, y solo dos las decide el grupo. Las otras tres vienen dadas: una la impone el precio del papel, otra sale de una división y la última la dicta el sorteo. Ordenar la comprobación por quién manda sobre cada cifra ahorra casi todas las discusiones, porque enseña enseguida cuáles se pueden negociar y cuáles no. Quien se plantea comprar número de lotería en Tortosa con dinero de varias personas hace bien en recorrerlas en ese orden, empezando por la única que nadie puede tocar.
El supuesto de trabajo es un grupo de cinco personas que pone cantidades distintas: 40, 35, 30, 25 y 20 €. Suman 150 €. Ninguna de esas cantidades es un múltiplo limpio del precio del décimo, y el total tampoco lo es, que es lo que ocurre casi siempre cuando cada uno pone lo que le parece razonable en vez de lo que cuadra.
La cifra que no fija nadie del grupo: el décimo son 20 €
El precio de la unidad es el único dato del que no se discute: 20 € el décimo, 200 € el billete completo de diez. De ahí sale una consecuencia que conviene decir en voz alta antes de recoger un solo euro: el bote solo puede convertirse en papel en tramos de 20 €. Un grupo puede recaudar 150 €, pero no puede jugar 150 €.
Por eso la primera comprobación no es cuánto pone cada uno, sino cuánto de lo recaudado va a estar realmente dentro del sorteo. Las dos cantidades se parecen y no son la misma, y toda la aritmética posterior —los porcentajes, el reparto, lo que se devuelve— se calcula sobre la segunda.
La cifra que fija el grupo una sola vez: con cuántos décimos se entra
Con 150 € recaudados caben siete décimos, que son 140 €, y sobran 10 €. Esa es la decisión que el grupo toma una vez y ya no puede rehacer: siete unidades, o bien seis y más margen, o bien ocho poniendo alguien la diferencia. Conviene tomarla antes de que el dinero esté encima de la mesa, porque después cada opción tiene un perjudicado distinto.
- Siete décimos, 140 € jugados y 10 € que se quedan fuera: hay que decidir de quién son esos 10 €.
- Seis décimos, 120 € jugados y 30 € fuera: el desajuste crece y la pregunta se repite.
- Ocho décimos, 160 €: alguien pone 10 € más y su peso en el bote sube.
- Al comprar número de lotería en Tortosa con dinero común, el papel no se parte: no existe medio décimo.
- La cifra elegida se anota junto a la fecha, antes de ir a pagar.
La cifra que fija cada uno: las aportaciones desiguales y los 10 € del desajuste
Aquí es donde el grupo tiene libertad completa y donde se generan casi todos los problemas. Nadie está obligado a poner lo mismo que los demás, y las aportaciones desiguales son la norma. El problema no es la desigualdad: es que 40, 35, 30, 25 y 20 € no forman ninguna combinación que llegue exactamente a un múltiplo de 20. Sobran 10 € o faltan 10 €, y esos 10 € tienen dueño.
El desajuste solo se puede cerrar en una de las dos direcciones, y las dos mueven el peso de alguien. Cerrarlo hacia abajo significa devolver 10 €, y el modo de devolverlos cambia los porcentajes. Cerrarlo hacia arriba significa que alguien ponga 10 € más para llegar a ocho décimos: si los pone quien había aportado 20 €, su peso sube del 13,33 % al 18,75 % y el del resto baja en consecuencia. En Tortosa o donde sea, lo que no funciona es dejar el desajuste abierto y descubrir el 22 de diciembre que cada uno daba por supuesta una dirección distinta.
Devolver el sobrante a partes iguales no es neutral
Repartir los 10 € en cinco partes de 2 € parece lo más sencillo y lo más justo, y no lo es. Quien puso 40 € se queda con 38 de 140, es decir, un 27,14 %, cuando su peso sobre lo recaudado era del 26,67 %. Quien puso 20 € se queda con 18 de 140, un 12,86 %, cuando partía del 13,33 %. La devolución igualitaria mueve peso desde la aportación pequeña hacia la grande. Para que los porcentajes no se muevan, cada uno tiene que recuperar la misma proporción de lo que puso, no la misma cantidad de euros.
Cerradas las anteriores, el reparto ya no se decide: se calcula. Cada aportación dividida entre el total jugado da un porcentaje, y ese porcentaje es el mismo para todo lo que devuelva el sorteo, desde un reintegro de 20 € hasta una cuantía de seis cifras. Con las aportaciones proporcionales sobre 140 €, los cinco pesos quedan en 26,67 %, 23,33 %, 20 %, 16,67 % y 13,33 %.
Salen decimales, y no pasa nada. Lo que cuesta comprar número de lotería en Tortosa entre cinco personas rara vez produce porcentajes redondos, y forzarlos a que lo sean es justamente lo que descuadra la cuenta. Conviene escribirlos con dos decimales el día del pago, junto a los siete números y sus series, y aceptar que el último céntimo de un reparto se redondea a favor de alguien, decidido de antemano.
La cifra que nadie fija: lo que devuelve el sorteo a quien acaba de comprar número de lotería en Tortosa
La última cantidad es la única que ninguna de las decisiones anteriores puede tocar. Un reintegro devuelve 20 € por el décimo que lo lleve, exactamente lo pagado por esa unidad y una catorceava parte de los 140 € del bote. Un premio de la pedrea son 100 € al décimo. Un quinto, 6.000 € al décimo; un cuarto, 20.000 €. Y en lo alto de la tabla, 400.000 € al décimo, con la regla fiscal de que lo que pase de 40.000 € tributa al 20 % sobre el exceso. El reparto interno se hace siempre sobre lo que llega, ya descontado lo que corresponda.
Ninguna de esas cifras depende de cómo se repartieron los 10 € sobrantes, y por eso conviene cerrar el desajuste cuando todavía es un asunto de calderilla. Antes de pagar, ayuda dejar por escrito qué siete décimos ha comprado el grupo, con número y serie, porque esa lista es la que convierte cinco aportaciones desiguales en cinco porcentajes comprobables; Lotería Castillo conserva ese detalle asociado a cada compra. Con las cinco cifras ordenadas por quién manda sobre cada una, comprar número de lotería en Tortosa entre varios deja de ser un acuerdo de palabra y pasa a ser una cuenta que cualquiera del grupo puede rehacer solo, con un papel y un bolígrafo, tres meses después.